Fórmula 1

Fernando Alonso pide calma en Aston Martin y confía en Adrian Newey tras difíciles pruebas en Baréin

En el paddock, el ambiente no es precisamente optimista. Pero si alguien se niega a encender las alarmas antes de tiempo, ese es Fernando Alonso.

Tras las primeras pruebas de pretemporada en Baréin, el mensaje desde Aston Martin ha sido claro: el inicio no ha sido el esperado. Sin embargo, lejos del dramatismo, el piloto español ha optado por la serenidad. Reconoce las dificultades, admite el retraso… y, al mismo tiempo, apuesta por el futuro del proyecto liderado por Adrian Newey.

Un invierno cuesta arriba

Alonso no maquilló la realidad. El equipo llegó tarde a fases clave de preparación, incluyendo jornadas de rodaje y pruebas en Barcelona que no se completaron según lo previsto.

Mientras otras escuderías comenzaron a rodar desde enero, acumulando datos y corrigiendo fallos, Aston Martin apenas empieza a entender el comportamiento real del AMR26 en condiciones de carrera.

“Claramente no estamos donde queríamos estar”, reconoció.

Cada salida a pista en Sakhir ha estado marcada por pequeñas anomalías técnicas. Problemas menores, pero constantes. Interrupciones que impiden enlazar tandas comparables y trabajar con metodología.

En Fórmula 1, el tiempo perdido no se recupera con facilidad.

Motor en aprendizaje, chasis en confianza

El español diferencia claramente dos frentes del proyecto. En cuanto al nuevo motor Honda, admite que el equipo aún está en fase de comprensión reglamentaria y adaptación técnica. Las incógnitas siguen abiertas.

Pero cuando habla del chasis, el tono cambia.

“Después de más de 30 años dominando la Fórmula 1, no es que vaya a olvidarlo todo en un año”, afirmó sobre Newey.

La llegada del ingeniero británico representa, para Alonso, una garantía estructural. No promete milagros inmediatos, pero sí una dirección sólida.

No habrá milagro en Melbourne

El bicampeón del mundo no engaña a nadie. El inicio de temporada en Melbourne no será un golpe de efecto.

“El retraso acumulado no desaparece en unos días”, advierte.

Sin embargo, en un entorno regulatorio cambiante, Alonso prefiere observar la curva de desarrollo antes que obsesionarse con la tabla de tiempos de invierno.

Y ahí radica su principal argumento.

Un coche con potencial… pero inestable

El AMR26 aún opera dentro de una ventana de rendimiento estrecha y volátil. Alonso explicó que una simple modificación de ajuste puede suponer diferencias de hasta ocho décimas por vuelta.

“Hay vueltas en las que ganamos o perdemos ocho décimas cambiando solo un ajuste”.

En ese contexto, cualquier jerarquía resulta prematura. Los cronómetros fluctúan, los datos aún se analizan y el verdadero potencial permanece parcialmente oculto.

Mientras Lance Stroll llegó a hablar de diferencias de varios segundos, Alonso prefiere contextualizar: antes de medir fuerzas, el equipo necesita estabilidad técnica.

Apostar al medio plazo

Alonso no vende optimismo vacío. Vende proceso.

Está convencido de que, una vez resueltos los problemas iniciales, el potencial del proyecto se liberará. No se trata de ser el más rápido hoy. Se trata de construir un coche competitivo a lo largo del año.

En una Fórmula 1 donde el desarrollo continuo marca la diferencia, la calma también es una estrategia.

Y si algo ha demostrado Alonso a lo largo de su carrera, es que sabe esperar el momento adecuado para atacar.

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