
El cronómetro marcaba el final. La posición no era la esperada por muchos. Pero lo que ocurrió en la meta fue más grande que cualquier podio.
Este 12 de febrero, en el marco de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026, Regina Martínez no solo completó una prueba de 10 kilómetros de esquí de fondo: abrió una puerta que nunca antes había cruzado una mujer mexicana.
Más que un lugar en la clasificación
Sobre la nieve del Estadio Tesero Cross-Country, la atleta de 33 años completó el recorrido con un tiempo de 34:05, finalizando en la posición 108. Tres competidoras no lograron terminar la prueba.
En el papel, fue el último lugar. En la historia, fue un primer paso monumental.
Porque Regina se convirtió en la primera mujer mexicana en disputar una prueba de esquí de fondo en unos Juegos Olímpicos de Invierno, un terreno históricamente lejano para el deporte nacional.
La meta que se convirtió en símbolo
Cuando cruzó la línea final, no encontró silencio. Encontró respeto.
Las medallistas de la prueba la esperaban para abrazarla y celebrar su participación. Entre ellas estaba la estadounidense Jessica Diggins, quien minutos antes había subido al podio.
El gesto no pasó desapercibido. La cuenta oficial en español de los Juegos Olímpicos lo resumió con una frase que recorrió el mundo: no siempre se gana llegando primero.
En ese momento, el último lugar dejó de importar. Lo que se celebraba era la valentía de competir donde nadie antes lo había hecho.

Las protagonistas del podio
La prueba fue dominada por la sueca Frida Karlsson, quien se llevó el oro con un tiempo de 22:49.2. La plata fue para su compatriota Ebba Andersson con 23:35.8, mientras que Jessica Diggins completó el podio con el bronce al registrar 23:38.9.
Pero esa tarde, el aplauso no fue exclusivo del podio. Fue compartido.
Cuando representar es ganar
En países con tradición invernal, el esquí de fondo es una disciplina histórica. Para México, es una conquista reciente.
La participación de Regina Martínez no solo amplía el mapa deportivo del país, también redefine la narrativa del éxito. En un escenario global, donde el frío parece ajeno a nuestra identidad deportiva, una mexicana demostró que los límites geográficos no determinan los sueños.
Su nombre ya está escrito. No en la tabla de posiciones, sino en la memoria olímpica nacional.
Y a veces, eso vale más que una medalla.




